Actividad1.- Acercarse a la niña o niño sonriendo, hablando dulcemente y acariciarle el rostro (la frente, las mejillas, etc.).

2.- Cuando la niña o el niño llore, acercarse y acariciar suavemente la espalda.

3.- Si la niña o niño se despierta asustado, el adulto debe acercar su rostro para que le vea y hablarle dulcemente. Para que no sienta angustia al despertar, puede dejarse cerca de la cara un pañuelo que utilice su madre o su cuidador.

4.- Tomar las manos de la niña o niño y colocarlas en las mejillas del adulto, mientras le sonreímos y hablamos cariñosamente.

Consejo:

El adulto es la figura de seguridad y tranquilidad que le proporciona a la niña o niño, por ello siempre cuando llore debe acercarse a él ofreciéndole un rostro de aprobación y cariño, hablándole dulcemente y acariciándole para que se sienta querido y aceptado. Las miradas amorosas directamente a los ojos y hablarle con dulzura, además de acariciarle son las formas más efectivas de alejar la inseguridad y ansiedad.

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1.- Además de continuar con las caricias recomendadas para el primer mes, pueden realizarse masajes rítmicos, con tacto suave pero firme en la parte posterior de la cabeza, desde la frente hasta la columna cervical. 2.- Colocar las manos en el centro de la espalda, acariciar hacia los hombros y, pasando por los brazos, llegar hasta los dedos de las manos. Repetir dos o tres veces. Este masaje igual que el anterior estimula el desarrollo neuromuscular. 3.- Efectuar masajes en las manos con presión suave pero firme, primero en la palma, después en los dedos y finalmente en el dorso de la mano. De este modo se estimula la tonicidad y la fuerza muscular de las manos. 4.- Cuando la niña o niño esté acostado sobre su espalda acariciar desde el rostro, pasando por el pecho y las piernas, hasta los dedos de los pies. Acariciar cada dedo de los dos pies desde la base hasta la punta. 5.- En la misma posición anterior, colocar las manos en el centro del pecho y desplazarlas por los hombros y los brazos hasta terminar en las manos.